La Danse Macabre Du Vampire


Poemas...y algo más

miércoles 20 de agosto de 2008

Tenía algo abandonado el blog, debo admitirlo...pero ahora sentí la impetuosa necesidad de dejar a la vista algunos poemas. Algunos que por razón alguna llenan mi interior.




Esta noche me encuentro vagando en fantasías, en palabras, en imágenes, que de alguna u otra forma complementan los versos que he leído y que ahora dejo ante sus ojos.







Espero que ese más allá no me lleve al abismo...




CAMINOS DEL ESPEJO

Alejandra Pizarnik








IY sobre todo mirar con inocencia. Como si no pasara nada, lo cual es cierto.




IIPero a ti quiero mirarte hasta que tu rostro se aleje de mi miedo como un pájaro del borde filoso de la noche.




IIIComo una niña de tiza rosada en un muro muy viejo súbitamente borrada por la lluvia.


IVComo cuando se abre una flor y revela el corazón que no tiene.




VTodos los gestos de mi cuerpo y de mi voz para hacer de mí la ofrenda, el ramo que abandona el viento en el umbral.




VICubre la memoria de tu cara con la máscara de la que serás y asusta a la niña que fuiste.




VIILa noche de los dos se dispersó con la niebla. Es la estación de los alimentos fríos.




VIIIY la sed, mi memoria es de la sed, yo abajo, en el fondo, en el pozo, yo bebía, recuerdo.




IXCaer como un animal herido en el lugar que iba a ser de revelaciones.




XComo quien no quiere la cosa. Ninguna cosa. Boca cosida. Párpados cosidos. Me olvidé. Adentro el viento. Todo cerrado y el viento adentro.




XIAl negro sol del silencio las palabras se doraban.




XIIPero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla.




XIIIAun si digo sol y luna y estrella me refiero a cosas que me suceden. ¿Y qué deseaba yo?Deseaba un silencio perfecto.Por eso hablo.




XIVLa noche tiene la forma de un grito de lobo.


XVDelicia de perderse en la imagen presentida. Yo me levanté de mi cadáver, yo fui en busca de quien soy. Peregrina de mí, he ido hacia la que duerme en un país al viento.




XVIMi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba no vi otra cosa que a mí misma.




XVIIAlgo caía en el silencio. Mi última palabra fue yo pero me refería al alba luminosa.




XVIIIFlores amarillas constelan un círculo de tierra azul. El agua tiembla llena de viento.




XIXDeslumbramiento del día, pájaros amarillos en la mañana. Una mano desata tinieblas, una mano arrastra la cabellera de una ahogada que no cesa de pasar por el espejo. Volver a la memoria del cuerpo, he de volver a mis huesos en duelo, he de comprender lo que dice mi voz.
Silentium Amoris
Oscar Wilde
Como a menudo el resplandeciente sol
Persigue a la pálida y reacia luna,
Impulsándola hacia su cueva sombría,
Donde ella también se retira furtiva
En busca de la singular balada de un ruiseñor,
Así tu Belleza me impulsa,
En mis labios fracasando,
Y donde todo mi dulce cantopierde su melodioso color.
Y como al amanecer cruzando el velo del licor,
En alas impetuosas arremete el viento,
Quebrando los juncos con su beso violento,
El cual ha sido su único instrumento:
Así mi tormentosa pasión me ha extraviado,
Silenciando mi sentimiento por exceso de amor.
Pero es seguro que ante tí mis ojos no revelarán
Porqué soy silencioso, y porqué mi laúd ha muerto.
Hacia nuevas tierras deberíamos partir:
Tú hacia unos labios de dulces melodías,
Y yo hacia el refugio de mi estéril memoria,
Donde yacen besos apenas insinuados,
Y canciones nunca cantadas.





He aquí un excelente ensayo...

El Espejo de la Melancolía

Alejandra Pizarnik

...vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma... tan confortable era, que presentaba unos salientes donde apoyar los brazos, pudiendo permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse.Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o –sobre todo- los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos.Nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por el contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía. En lo esencial, vivió sumida en un ámbito exclusivamente femenino. No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes. Luego, algunos detalles son obviamente reveladores: por ejemplo, en la sala de torturas, en los momentos de máxima tensión, solía introducir ella misma un cirio ardiente en el sexo de la víctima. También hay testimonios que dicen de una lujuria menos solitaria. Una sirvienta aseguró en el proceso que una aristocrática y misteriosa dama vestida de mancebo visitaba a la condesa. En una ocasión las descubrió juntas, torturando a una muchacha. Pero se ignora si compartían otros placeres que los sádicos.Continúo con el tema del espejo. Si bien no se trata de explicar a esta siniestra figura, es preciso detenerse en el hecho de que padecía del mal del siglo XVI: la melancolía.Un color invariable rige al melancólico, su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre esa inercia. Este quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como si hubiera fracasado Teseo si, además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro, matarlo, entonces, habría exigido matarse.Pero hay remedios fugitivos. Los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta puede iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuita. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto.De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya “la farsa que todos tenemos que representar”. Pero por un instante –sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia-. El ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa, y el yo vibra animado por energías delirante.Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir –en verdad, hay que transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos- que procede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestidas de variadas formas que van desde la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes.El libro que comento en esta notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parecen a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.